Las dos caras del muro

Publicado: 17 noviembre, 2010 en Artículos

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El muro de Cisjordania tiene dos caras. No es sólo el bloque de hormigón que tenemos en la cabeza; cuando una habla con quien lo ha visto o vivido, descubre también sus recovecos, su invisibilidad en Israel, su frialdad en Palestina.
Si alguien pasea por las calles de Israel, y no va buscando las señales del apartheid judío, sólo verá pequeñas laderas de flores; así es como luce –disimulan- el muro en el lado hebreo. El lado palestino tiene otras normas: no puede haber nada en un espacio de un mínimo de 500 metros desde el muro, ni cosechas, ni árboles, ni laderas con flores.

Este nuevo muro de la vergüenza se empezó a construir en Cisjordania (incluyendo Jerusalén Este y alrededores) en 2002. Con el pretexto de preservar su seguridad -concretamente la de los colonos asentados en tierras palestinas- Israel está construyendo la peor de sus obras: una barrera de separación que llegará a los 750km de longitud -de los cuales únicamente un 20% sigue la Línea Verde delimitada tras el armisticio de 1949- que acabará anexando a su territorio un 10% adicional de la tierra cisjordana. En algunas áreas, el muro se adentra hasta 22 km en Cisjordania, sumando así a más del 80% de la población colona al territorio israelí. En otras muchas –la mayoría- el muro y sus perímetros de seguridad tienen como consecuencia la expropiación de tierras de cultivo y recursos acuíferos. Este gigante de hormigón y alambradas ha privado a los palestinos del acceso al 49% de Cisjordania, con un férreo sistema de controles, obstáculos (en torno a los 620) y restricciones discrecionales sobre el movimiento de la población y las mercancías palestinas.
Se trata de una barrera que no sirve realmente a la seguridad israelí –pero que sí le permite asegurar el control de numerosos asentamientos y de los acuíferos ubicados en su proximidad-, separando familias y comunidades, y a los palestinos de sus tierras de cultivo y de sus trabajos. En definitiva, un 40% del ocupado territorio cisjordano se compone hoy de asentamientos israelíes, puestos de avanzada, bases militares, zonas de seguridad y áreas prohibidas a la población palestina.

Al vislumbrar este macabro proyecto es inevitable que la memoria nos retrotraiga a aquéllas imágenes, de unos campos y guetos que, durante la II Guerra Mundial, parece que muchos no quisieron ver. En ellos se cometió una brutal e inmisericorde masacre contra un pueblo, sin que nadie actuara para detenerla. Visto en perspectiva, es difícil entender como aquel pueblo, víctima de la locura nazi, puede haberse convertido hoy en verdugo de otro que también anhela el bienestar y la seguridad personal y la creación de un Estado soberano.

Hoy, cuando aún falta por construir la mitad del muro, asistimos a un proceso que aisla comunidades, alimentando el odio. Un muro que no deja ver más allá y que se convierte en otra prisión para los palestinos.

Israel necesita seguridad, pero no puede pretender lograrla a toda costa como si todo fuese válido. Hoy por hoy, por desgracia, comprobamos como vale el ejercicio de la fuerza israelí y no valen nada el derecho internacional y los derechos humanos.

Tras 61 años de conflicto, los refugiados de Palestina son hoy el grupo de población que más tiempo ha permanecido en el exilio. Cerca de la tercera parte de los refugiados del mundo son palestinos (y van en aumento).
La Franja de Gaza es considerada el área geográfica con la mayor densidad de población de todo el planeta: un millón y medio de habitantes hacinados en una extensión de 360 kilómetros cuadrados. En la operación “Plomo Fundido”, entre diciembre de 2008 y enero de 2009, fallecieron en Gaza 1.414 personas. 410 de ellas eras niños.
Hoy son 500.000 los colonos israelíes asentados en territorio palestino ocupado . El 55% ellos se asentaron en el territorio palestino tras la firma de los acuerdos de Oslo en 1994.
Existen más de 200 asentamientos y “puestos de avanzada” israelíes, todos ellos ilegales. Más de 500 bloqueos y controles de seguridad militares israelíes. 700 km de carreteras prohibidas para los palestinos. 700 km de muro, el 80% en tierras palestinas .

A pesar de esos datos y de decenas de resoluciones y pronunciamientos de la ONU en contra de la ocupación y actuación israelí, así como de innumerables condenas internacionales desde todos los sectores públicos y privados y de una cobertura periodística seguramente imposible de igualar nada ha logrado detener un proceso que pretende anular a los palestinos.

Israel necesita seguridad, pero no puede pretender lograrla a toda costa como si todo fuese válido.

Hace nueve años que este muro se está construyendo; hace siete que la Corte Internacional de Justicia resolvió que era ilegal y exigió a Israel su destrucción, la devolución de las tierras expropiadas y la compensación a los damnificados.

Nada de todo esto ha pasado, y cansa pensar que seguirá siendo así. Cansa mirar atrás y pensar que lo que hasta ahora hemos visto puede repetirse por muchas décadas más.

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