Cuando los dictadores son los mártires

Publicado: 23 febrero, 2011 en Artículos

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“No dejaré Libia, moriré como un mártir”.

Por lo visto el mártir libio se enfrenta no a un pueblo que se manifiesta contra su régimen, sino a un grupo de jóvenes “borrachos y drogados” por la “gente mala”  que los está utilizando. Según el discurso de ayer del líder revolucionario no hay gente decente en las manifestaciones, y el “demonio” de Occidente está haciéndole el juego a un grupo no representativo del pueblo libio, pero contra los que lleva ya dos días a golpe aéreo. Muamar el Gadafi negó ayer que haya empleado ataques aéreos contra los manifestantes y que haya dado orden de “usar balas”; pero si dejó bien claro que “los que se levanten en armas contra el país –la opción contra su régimen parece que no se contempla- serán condenados a muerte”.  Calle por calle pretende el coronel libio luchar contra las “ratas” que amenazan su revolución.

El domingo, en su aparición de 20 segundos para demostrar que estaba en Libia “y no en Venezuela como afirman las emisoras de esos perros callejeros”, Gadafi afirmaba que había estado en la Plaza Verde, y que todo “estaba bien”. Parece que el mandatario libio, impedido por la lluvia para hablar con su pueblo y “quedarse hasta tarde” –como expresó que pretendía hacer-, decidió al llegar a casa bombardearlos a todos. Total, el país es suyo. Suponemos que también cree que lo son las personas que lo habitan.

El número de ratas a las que Gadafi ha eliminado puede llegar ya, según ha afirmado hoy el Ministro de Exteriores italiano(1), al millar. El Gobierno libio habla de 300 y diversas organizaciones defienden que la cifra real duplica a la oficial(2). Exterminio, no se puede llamar de otro modo. La represión más cruenta que se podía esperar, bombardeos directos contra la población civil que se manifiesta tras más cuarenta años de dictadura, tras la amenaza del señorito –Saif el Islam, hijo del dictador- de una guerra civil desde su cadena de televisión.

Como a esta familia le ha sobrado siempre opulencia pero parece que hoy le faltan adeptos, han decidido que de guerra civil nada, que es más fácil aplastar sin miramientos cualquier tipo de protesta, que no van a seguir el rastro de Mubarak o Ben Ali, que Gadafi es el líder de una revolución y no un dictador, y que, caiga quien caiga, él no se va a ningún lado. De momento ya le han abandonado su ministro de Justicia -quien dimitió por el “uso desproporcionado de la violencia contra los manifestantes”- su embajador en Estados Unidos y parte del personal de las delegaciones en Marruecos, Australia, la India, Malasia, China y la Liga Árabe. Asimismo, dos de sus coroneles cambiaban de rumbo el lunes y, en lugar de bombardear Trípoli, aterrizaron en Malta solicitando asilo político.

En Europa titubeamos, como siempre que vemos peligrar nuestro dinero, que final y desgraciadamente es lo que mueve nuestro mundo, y lo que determina si alguien puede o no bombardear a su pueblo. Con Italia en cabeza, lo cierto es que España, Alemania y Francia verán afectado su suministro de gas cuando el dictador salga del gobierno. Berlusconi y Gadafi, amigos y comerciantes íntimos, tienen negocios por más de 40.000 millones de euros anuales. Los opositores del coronel libio publicaron ayer en Internet su aviso a los gobiernos europeos: “La gente de Nalut recuerda que forma parte de un pueblo libio libre, y tras vuestro silencio sobre las matanzas realizadas por Gadafi, ha decidido que interrumpirá desde la fuente el flujo de gas libio hacia vuestros países, cerrando el yacimiento de Al Wafa que lleva el gas hacia Italia y el norte de Europa pasando por el Mediterráneo”.

La Unión Europea ha condenado la violencia, pero aún no han prosperado las iniciativas de imposición de sanciones concretas sobre su régimen. Tras la ausencia el pasado lunes de medidas sancionadoras –los Veintisiete estudiaron en profundidad la crisis libia, pero no pasaron de la condena al uso de la violencia- esta tarde se reúnen de nuevo, ya con la promesa de la aplicación de sanciones específicas y firmes contra un régimen al que parece han decidido retirar finalmente su apoyo(3). Italia hoy también abandona a Gadafi, seguramente por el miedo al inmigrante que caracteriza a su Cabalieri, que tiembla ante lo que cree que puede ser un “éxodo bíblico de libios” hacia sus costas(4).

Ayer, una de las críticas más enérgicas y directa era la de nuestra Ministra de Defensa, que afirmaba que las revueltas en el mundo árabe están demostrando que presidentes como Gadafi, entre otros, son lo que “intuíamos” o “parecían” que era.  Gracias Ministra por señalarnos la excesiva benevolencia que la Unión Europea, el gobierno español y las Naciones Unidas han mantenido hacia estos regímenes  Tal vez el verbo intuir no sea el más apropiado, ni cuarenta y dos años de régimen un tiempo aceptable para el paso de la intuición a la certeza.

Por su parte, la izquierda más izquierda de América Latina apoya al dictador más antiguo del continente africano. Castro habla de manipulación mediática contra Gadafi y Chávez reproduce en su blog el comunicado de su mentor cubano. “Una persona honesta estará siempre contra cualquier injusticia que se cometa con cualquier pueblo del mundo, y la peor de ellas, en este instante, sería guardar silencio ante el crimen que la OTAN se prepara a cometer contra el pueblo libio”. Son las palabras de Fidel Castro ayer, que también olvida, al igual que la UE, condenar, antes que un posible futuro crimen, el que ya se ha cometido: el de Gadafi contra su propio pueblo.
Ortega, en Nicaragua, se muestra apenado tras su conversación telefónica con el dictador, que por lo visto atraviesa “una situación terrible”. Ortega, que, como muchos otros en el tiempo, sufre la enfermedad presidencial de creer que lo que él opina es el sentir de todo un pueblo,  le ha trasmitido “la solidaridad de todo el pueblo nicaragüense, de los sandinistas nicaragüenses.” que por lo visto están con él en esta batalla que libra en estos días.

Febrero está siendo el mes de la libertad en el mundo árabe. El mes en que tras décadas de dictaduras encubiertas y permitidas por occidente –bien por ese intenso miedo que sentimos hacia esta civilización, o principalmente por las ventajas económicas que nos supone mantener las ya populares “dictaduras encubiertas”- el pueblo árabe dice basta: nosotros también queremos ser dueños de nuestra vida y nuestro país.

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